Cada pareja es un mundo. Y la manera en la que cada binomio administra su patrimonio, también. Repasamos qué es lo que no puedes perder de vista a la hora de organizar las finanzas familiares.


“Cuentas claras, amistades largas”, dice el dicho. Pero lo cierto es que tener unas finanzas saludables también es clave para cualquier relación de pareja. Tanto para aquellos que ya conviven como para para los que estén pensando en hacerlo en el corto plazo, la administración del dinero que entra en el hogar es un tema que no deja a nadie indiferente.

Según un estudio realizado por la empresa financiera Ameriprise Financial, el 31% de las más de 3000 parejas encuestadas aseguró tener discusiones por este tema al menos una vez por mes. Se pueden tener las cuentas compartidas, o bien las carteras por separado, pero en todos los casos comunicarse y llegar a un acuerdo es fundamental a la hora de sentar las bases de cualquier economía familiar. A continuación repasamos cuáles son los aspectos que no se pueden pasar por alto a la hora de poner los números  en orden.

Juntos, pero no revueltos

Cuando hablamos de finanzas de pareja no hay fórmulas mágicas y cada una deberá encontrar el sistema que mejor se adapte a sus necesidades. De lo que no hay dudas es que muchas de las veces es demasiado pronto para volcar el dinero en una cuenta en común, e ir de a poco siempre es una buena idea.

La confianza necesaria para avanzar en este sentido no se construye de la noche a la mañana, y es por esto que siempre será mejor tomarse el tiempo suficiente para estar seguros de que las intenciones en materia financiera de nuestra pareja están alineadas con las nuestras.  Además, esta medida un tanto cautelosa puede ahorrarnos, a mediano y largo plazo, disgustos capaces de hacer tambalear las bases de un vínculo que recién está empezando.

Lo mío, es nuestro (o casi)

Las parejas que eligen compartir tienen diferentes opciones. Volcar los ingresos de los dos integrantes en un único fondo común del que saldrá el dinero necesario para afrontar todos los gastos compartidos (la renta, la luz, el agua, las vacaciones, etc)  y aquellos personales (como la cuota del gimnasio o un par de zapatos), o bien decantarse por una opción intermedia: la famosa tercera cuenta. En ésta, cada uno de los interesados vuelca todos los meses un porcentaje -a definir- de su salario, pero sin cerrar la propia.

De acuerdo con un estudio llevado a cabo por el TD Bank Survey este método, que permite mantener las finanzas del hogar más organizadas pero sin resignar la independencia económica de cada integrante de la pareja, es el elegido por más del 42% de las personas que conviven bajo el mismo techo.

División de tareas

Poco importa cuál sea el modelo elegido a la hora de poner los números de la casa en orden. Siempre es aconsejable determinar cuál es el sistema que en el que llevaremos el registro de todo el dinero que entra y todo el que sale. El seguimiento puede hacerse con una clásica tabla en Excel, o sirviéndose de las apps financieras que nos permiten tener cada movimiento de nuestras finanzas bajo la lupa. Además, y no menos importante, establecer cuál de los integrantes de la pareja será el encargado de sentarse a hacer las cuentas todas las semanas o al final de cada mes es una buena medida para asegurar el orden en todo momento.

Metas realistas

Una vez elegido el sistema con el que organizaremos las finanzas del hogar, establecer objetivos realistas nos permitirá empezar a pensar en ahorrar e invertir de manera conjunta. Ya sea para comprar un coche, una casa, o pagar las próximas vacaciones en la playa, llegar a un acuerdo de este tipo respecto al manejo del dinero en la pareja nos permitirá empezar a acercarnos cada vez más a la añorada estabilidad financiera.